Año publicación: 2023
Lo primero es no hacer daño. Evitar los malos tratos es el mínimo que podemos exigir a las personas y a las Organizaciones prestadoras de servicios de salud y sociales. Ni de palabra, ni de obra, ni de omisión, ni institucionales, ni financieros, ni sexuales, ni de ningún tipo. Humanizar quizás empieza, antes que nada, por aquí. Sea como sea, sin malos tratos. Con muchos o pocos recursos, sin malos tratos. En una u otra cultura, sin malas formas de ninguna naturaleza. Cuando se trata mal a las personas, ¿cuál es la motivación?
La Organización Mundial de la Salud se puso de acuerdo sobre lo que son los malos tratos para con los mayores, particularmente en la Declaración de Toronto, en 2002, definiéndolos como las acciones únicas o repetidas, o las faltas de respuestas apropiadas, que ocurren dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza y la
cual produzca daño o angustia a una persona anciana. Pueden ser de varios tipos: físicos, psicológicos/emocionales, sexuales, financieros, o simplemente reflejar un acto de negligencia intencional o por omisión.
Sin duda, la falta de motivación para el buen cuidado, produce como consecuencia malos tratos en las profesiones de salud y de intervención social.
Referente de motivación: Camilo
Es hermoso encontrar en Camilo de Lelis, una fuente preciosa de lo que significa una atención holística, integral, centrada en la persona, por motivaciones genuinas. Baste recordar esta indicación suya: “En el servicio a los enfermos, mientras las manos realizan su tarea, estén atentos: los ojos a que no falte nada, los oídos a escuchar, la lengua a animar, la mente a entender, el corazón a amar y el espíritu a orar.”
Pero la razón por la que Camilo hizo esta propuesta en el siglo XVI, como innovadora y humanizadora era porque quería liberar a los enfermos de los hospitales de las manos casi homicidas de los criados de los hospitales, obligados a cuidar como reparación de sus penas. La motivación de esta gran reforma no es otra que aquellas razones del corazón que perciben una gran necesidad en los enfermos, a la búsqueda del bien (ética).
No conformándose con estas propuestas de liberación de las situaciones penosas en que vivían los enfermos; no conformándose con dar la pauta de la atención integral a los enfermos, Camilo evoca una referencia de altísimo nivel ético. Su propuesta es “cuidar a los enfermos como lo haría una tierna madre con su único hijo enfermo”. Sin duda, ya no es cuestión de eliminar los malos tratos, sino de elevar el nivel de exigencia hasta las conductas virtuosas, entrañables, impregnadas de ternura compasiva.
Regla de plata
Hay que reconocer que no todas las personas están dispuestas a alinearse con esta propuesta de humanización, de elevado nivel de exigencia ética. Cuidar como lo haría una tierna madre, puede presentar resistencias en quienes no sientan la imagen femenina como referente, ni tampoco la ternura, así como la familiaridad de una madre y el sentido de protección.
Por eso, quizás algunas propuestas humanizadoras y motivadoras para conquistar cotas aceptables de trato digno en relaciones profesionales, podrían apoyarse en la conocida como “regla de plata” de la ética. Se trata de un principio moral general que reza así: “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”. Es un principio fácilmente aceptable que encontramos en la sabiduría judía, en el texto bíblico de Tobías (4,15), además de en el Talmud. Adherirse a la regla de plata, como exigencia mínima de la ética, comportaría una motivación, para algunos suficiente, como para evitar los malos tratos de cualquier tipo.
La regla de plata es, en el fondo, similar al juramento hipocrático propio de los galenos: no hacer daño en las relaciones profesionales, con todas las implicaciones que tiene de respeto de intimidad, de modales y contenidos de la relación terapéutica. En ética, lo primero no es respetar la autonomía de las personas, como algunos quisieran decir, sino evitar hacer daño, incluso por omisión o falta de pericia, en todas sus formas.
Regla de oro
Pero quizás es más conocida como referente de conducta ética la “regla de oro” principio moral que se formula así: “Trata a los demás como querrías que te trataran a ti”. Su nivel de exigencia parece ser superior. No es solo un reclamo de no hacer daño, sino de hacer positivamente el bien, tanto como cabría esperarse de los demás para con uno mismo.
Kant proponía como principio categórico de la ética, en su primera formulación, en el corolario esto: “obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad, ley universal de la naturaleza”. Comportarse como si nuestro modo tuviese que ser referente universal, ciertamente, promovería mucho buen trato, motivado no solo por no hacer el mal, no maltratar, sino por la voluntad expresa de universalizar el bien bien hecho.
¿Cuál puede ser la motivación para tratar a los demás como quisiéramos que nos tratasen a nosotros? Quizás un primer nivel de empatía generaría malestar y sufrimiento en quien observa que su conducta hace daño, como por contagio, procedente de la misma activación de las neuronas espejo. Quizás un nivel de empatía compasiva suficiente esté en la base de la motivación que nos lleve a hacer realidad la regla humanizadora de oro.
Genuinamente humanos
Algunos discursos sobre humanización encuentran resistencias en profesionales de la salud y de la intervención social porque son vividos como moralizantes. Los profesionales piensan internamente: “¿qué me piden, además de ser un buen profesional?, ¿me están acusando de no serlo suficientemente?”
A mi juicio, quien se ha sentido motivado para elegir una de estas profesiones biomédicas y de intervención, salvo aquellos casos en los que concurran fuertes motivaciones de obediencia, imitación, crematísticas, de prestigio, u otras, ya tiene en su interior (vocación) un deseo profundo de hacer el bien.
Ser profesional de la salud es haber elegido un modo de humanizar: trabajar por las personas frágiles, vulnerables, enfermas, en proceso de morir; trabajar por la salud como experiencia biográfica que aporta bien a las personas y por ende, a la humanidad.
¿Qué cosa más hermosa que haber elegido ser profesional de la salud? Genuina e intrínsecamente humanizador. Es una motivación por hacer el bien. Exigente, por otro lado. Aunque también sabemos que la motivación varía durante el tiempo y, en concreto, la motivación intrínseca de hacer el bien y ayudar compasivamente al que sufre, es multifactorial, está afectada por transferencias, miedos y evoca la necesaria madurez del individuo en el proceder profesional.
Las profesiones y roles que encarnan la voluntad de acompañar y ayudar a los que sufren, las profesiones humanistas, conviven con una vocación persistente, compatible con los procesos de tecnificación. Quizás la motivación genuina, la motivación primera, la motivación humanística, necesita ser trabajada, purificada y cuidada en el tiempo, para que el uso abundante de tecnología no desnaturalice las más nobles reglas de la ética en el cuidado.
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