Podemos caer en la trampa de generar una asistencia industrial hecha de estrategias rígidas y baja calidad de los cuidados si no estamos atentos a humanizar.
Los mayores de hoy nos necesitan. Necesitan el buen cuidado, hecho de profesionalidad y buen corazón. Necesitan que su biografía sea escuchada, no solo los biomarcadores que ayudan a diagnosticar si hay o no alzhéimer.
La calidad de una civilización se mide también por cómo se trata a los que ya no producen. La vulnerabilidad hecha fragilidad reclama una profesionalización del cuidado y una humanización de los profesionales. Pero no será posible si colectivamente, socialmente, no mejoramos el reconocimiento del valor de cuidar. Cuidar no es menos que curar. ¿Porqué escasean los cuidadores? ¿Por qué les pagamos mal?
Humanizar pasa por revisar la cultura que construimos a base de pensamientos, leyes, hábitos, tópicos, costumbres, discursos… Tenemos un hermoso desafío con la cuidadanía que nos ha de definir en las próximas décadas de manera particular.
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