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Humanizar: entre el cielo y la tierra

“Donde resplandece la caridad, allí se manifiesta la belleza que salva”, afirma el documento Via Pulchritudinis. La vida cristiana está llamada a convertirse en un acontecimiento de belleza capaz de suscitar admiración, de provocar la reflexión e invitar a la conversión. La belleza es esplendor de la verdad y florecimiento del amor.

Así, en una conferencia del Cardenal Ratzinger, citó una antigua leyenda sobre los orígenes del cristianismo en Rusia, según la cual, el príncipe Vladimiro de Kiev se dedicó a adherirse a la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla tras haber escuchado a los emisarios que había mandado a aquella ciudad, donde habían asistido a una solemne liturgia en la basílica de Santa Sofía. Dijeron al Príncipe: “No sabemos si estábamos en el cielo o en la tierra… Allí experimentamos Dios habita entre los hombres”.

Este es el espacio deseado para humanizar: provocar una experiencia, en los procesos de cuidado, que haga plantearse la pregunta: ¿esto es ya el paraíso? Así lo expresan algunos pacientes en la Unidad de Cuidados Paliativos, y sus familias, en San Camilo, al recibir entorno entrañablemente bello y cuidados profesionales cálidos, empáticos, compasivos.

La vía de la belleza, de la verdad, de la bondad, funciona. Es necesario volver a enseñar a maravillarse ante la obra que Dios realiza en nuestras vidas.

 

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