José Carlos Bermejo ha entregado el libro "Humanización, belleza y salud" a Sal Terrae. En él recoge el Himno a la belleza. Lleva este nombre un poema de Charles Baudelaire, del siglo XIX, un poeta francés, que forma parte de la obra Las flores del mal, libro que fue censurado por inmoral y provocador. Escribe contra la idea clásica de una belleza pura y moralmente buena, proponiendo una belleza ambigua, nacida tanto del cielo como del infierno. La belleza, más que ética, es estética y existencial, salva al ser humano del tedio, aunque lo haga a través del vértigo, el exceso o el dolor. Dice así:
Belleza, llama suave del instante,
eco de luz en todo lo que existe,
naces en el silencio de una mirada
y en la verdad humilde de lo simple.
No habitas solo en formas perfectas
ni en el brillo fugaz de lo visible:
vives en la herida que se vuelve canto,
en la cicatriz que aprende a sonreír.
Eres pulso del mundo,
orden secreto del caos,
la flor que insiste entre las piedras,
la voz que dice sí cuando todo calla.
Belleza es justicia cuando es ternura,
es tiempo detenido en un abrazo,
es el gesto pequeño que salva el día
y el asombro intacto de quien ama.
Quédate, belleza,
no como adorno, sino como verdad.
Enséñanos a mirar más hondo,
a vivir con los ojos despiertos.
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