Actualmente vivimos en un contexto de mucha sensibilidad ante al maltrato. No solo entre las personas, sino también para con los animales y la madre tierra. En particular, en 2002, en Toronto, se definieron los malos tratos en la “Declaración de Toronto para la prevención global del maltrato a las personas mayores”. Se distinguen entre malos tratos físicos, psicológicos, institucionales, sexuales, económicos, por encarnizamiento terapéutico, etc.
La Declaración dice: «El maltrato a las personas mayores es un acto único o repetido, o la falta de una acción apropiada, que ocurre dentro de cualquier relación donde existe una expectativa de confianza, que causa daño o angustia a una persona mayor. Puede ser de varias formas: físico, psicológico/emocional, sexual, financiero o simplemente reflejar negligencia intencional o por omisión.»
Pues bien, en las Reglas de Camilo encontramos: «Cada uno se guardará, con toda la diligencia posible, de maltratar a los pobres enfermos, a saber: con palabras groseras u otras actitudes semejantes, sino que los tratará más bien con mansedumbre y caridad.» Una aportación en perfecta sintonía.
Y una aportación más que justificada. Al igual que hoy se producen malos tratos en domicilios, residencias, hospitales, por ejemplo con las sujeciones físicas y químicas, atando a los enfermos a las barandillas y otras prácticas indebidas, de diferentes formas, en tiempos de Camilo sucedía esto: «¿Y cuántos otros al ser tomados en brazos por criados de poca caridad, eran tan brutalmente tratados y manejados, que se les quedaban muertos entre los brazos?» «Y menos mal si de las tristes palabras no pasaban muchas veces a los hechos: prodigándoles bofetadas, puñetazos, empujones y atándoles y molestándoles sin ninguna finalidad o razón». La propuesta de Camilo y la circulante hoy en el movimiento de humanización son la misma. Es la ética de la regla de plata de la ética: “No hagas al otro lo que no quieras que te hagan a ti”.
La propuesta de Camilo está también relacionada con los abusos en el campo espiritual. “Con extrema delicadeza, dados el ambiente y la mentalidad de la contrarreforma dominantes en aquella época, el Santo denuncia también el abuso de los sacramentos (regla LXII). Sugiere que se pregunte con prudencia al enfermo sobre su estado de ánimo, después de haber recibido las primeras curas, atendiendo especialmente a que nos e acerque a los sacramentos con el único fin de que se le reciba y se le cure en el hospital (regla XLI).”
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