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Educar a la belleza

El documento de la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio de la cultura en 2004, titulado La Via Pulchritudinis dice que vivimos una falta de una adecuada “formación de la sensibilidad y de una correcta educación a la belleza”.

Así pensaba Pablo VI, que, dirigiéndose a los artistas, en 1965, les dijo: “El mundo en que vivimos tiene necesidad de belleza para no caer en la desesperación. La belleza, como la verdad, trae el gozo al corazón de los hombres y es un fruto precioso que resiste el paso del tiempo, que une a las generaciones y las hace comulgar en la admiración”.

“La belleza es la última palabra a la que puede llegar el intelecto reflexivo”, decía Von Balthasar. Contemplada con ánimo limpio, la belleza habla directamente al corazón, eleva interiormente desde el asombro a la maravilla, no deja indiferentes, despierta emociones, pone en movimiento dinamismos de creatividad… Por eso, la Vía de la Belleza abre horizontes infinitos, que pueden llevarnos a humanizar el cuidado, a impregnarlo de la dimensión trascendente y dignificar las relaciones de ayuda.

 

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