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Duelo y humanización

Resulta particularmente sugerente la escena recogida en numerosos bajorrelieves relativa a la guerra de Troya, también presente en el anfiteatro del Centro de Humanización de la Salud en Tres Cantos, por su interesante evocación del mundo del duelo, acompañado en los Centros de Escucha San Camilo por profesionales formados en counselling. El bajorrelieve de Aquiles triunfante y luego entregando el cadáver de Héctor constituye, a mi juicio, un referente de humanización en la Grecia antigua.

Se trata de una escena del héroe griego Aquiles en la Guerra de Troya (de 10 años de duración, en Asia Menor, actual Turquía), un evento en la mitología griega, narrado en la Iliada de Homero (siglo VIII a.C.). Sabemos que Aquiles es conocido por la fragilidad del talón que quedó débil cuando su madre Tetis lo sumergió en el río para hacerlo inmortal, pero al sostenerlo por el talón, esa parte quedó vulnerable, de donde viene “el talón de Aquiles” como expresión de un punto frágil. En una cultura heroica como la griega, donde el honor, la gloria y la fuerza suelen ser los valores supremos, esta escena se desmarca con una fuerza única por la carga humanamente vulnerable que expresa.

En el bajorrelieve, la humanización aparece en varios niveles. En primer lugar, Aquiles como ser humano, no solo como héroe. El gesto de Aquiles —devolver el cadáver de su enemigo— revela un proceso de transformación interna. Hasta ese momento, Aquiles ha sido símbolo de ira, del deseo de venganza, de la fuerza desmedida. Pero cuando Príamo, el rey, se arrodilla ante él y le besa las manos manchadas con la sangre de su hijo, Aquiles se humaniza (algunas versiones lo presentan desnudo, sin ropajes de guerra): ve en ese padre al suyo propio, y en el dolor de Príamo, el dolor que él mismo teme vivir. En el bajorrelieve, esto se representa en su gesto contenido, su mirada baja o su actitud serena. Ya no hay violencia ni orgullo; hay humanidad. Es el momento en que el héroe se convierte en hombre.

En segundo lugar, encontramos a Príamo, el Rey y la expresión de la dignidad del dolor. Príamo es quizás la figura más humanamente poderosa de esta escena. Es un rey que abandona su trono y su orgullo para suplicar como padre. Arrodillado o inclinado, gesto extremo para un rey: es la expresión de una humanidad que trasciende el poder. Su dolor no lo desfigura; lo engrandece. Este acto no solo humaniza a Aquiles, sino también a Héctor, hijo del rey, que ya no es un enemigo vencido, sino un hijo llorado.

En tercer lugar, podemos contemplar en el bajorrelieve cómo la muerte no deshumaniza. En muchas representaciones antiguas, los cadáveres de enemigos eran mostrados de forma desfigurada o secundaria. En cambio, aquí el cuerpo de Héctor es tratado con respeto, incluso con cierta belleza sobria. Está cubierto o tendido con delicadeza, no como un objeto de triunfo, sino como un cuerpo digno de duelo. Esto expresa una profunda humanización de la muerte: morir no borra la identidad del otro.

En cuarto lugar, ante el cadáver, se produce una especie de reconciliación entre enemigos como gesto humano. La escena no representa una victoria ni una rendición: representa una reconciliación silenciosa. Ambos hombres, aunque de bandos opuestos, comparten la experiencia del sufrimiento, y eso los une más allá de las armas y la historia.

La humanización en esta escena convierte el bajorrelieve en una meditación visual sobre el dolor del duelo, la compasión y la dignidad. No se trata ya de una epopeya de dioses y guerreros, sino de una historia de seres humanos frágiles, capaces de empatía incluso en medio de la guerra: es oportuno honrar la vida y la muerte en el cuerpo del asesinado. Y eso lo hace profundamente actual.

 

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