Darse gracias entre las personas es una clave de reconocimiento mutuo, de salud relacional, de reparación de la deuda contraída con la gratuidad del otro, siempre impagable. Dar gracias humaniza a quien lo hace y a quien recibe el agradecimiento.
Particularmente, llevo más de dos mil días enviando una oración de agradecimiento que he ido recogiendo en 11 libros publicados en Sal Terrae, Desclée De Brouwer, San Pablo y PPC y que yo mismo grabo y distribuyo, consiguiendo luego el efecto rebote por el mundo de las redes.
¡Y cuánto bien hace agradecer! Porque es cultivar una mirada saludable, sanante, una mirada que hace bien porque, siendo positiva, es capaz de darle la vuelta incluso a lo negativo, escudriñando en ello lo que aporta a la humanización. Paradójico, pero camino de resiliencia.
Dar gracias es didáctico. Es autodidáctico porque educa la mirada y es educativo de un mundo entrañable y humanizador.
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