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Belleza en San Camilo

Una sola vez escribió la palabra belleza San Camilo en sus escritos. En una carta de indicaciones para recaudar fondos. La cuestación —el acto más material y humilde que pueda imaginarse, pedir limosna de casa en casa— no fue, para Camilo, meramente utilitaria. Lo planteó en clave misionera y, más aún, estética: el religioso debe hacer visible ante los aldeanos de Puglia la belleza de lo que hace, de modo que los demás la deseen.

La carta donde escribe la palabra belleza es de instrucciones, de firma autógrafa, dirigida al padre Luca Antonio Catalano el 8 de septiembre de 1605 desde Roma, para encomendarle la cuestación en las provincias de Puglia. El contexto es prosaico: normas para fundraising -diríamos hoy-: recoger limosnas. Pero la primera de esas normas es, sin quererlo, una declaración espiritual:

«Lo primero que le ordenamos y a lo que le exhortamos en el Señor es a tener como fin principal de la cuestación el bien de su alma y el buen ejemplo dado al prójimo. Este no solo deberá quedar edificado, sino también bien informado sobre la belleza de nuestro ministerio y de nuestra Orden, de suerte que los habitantes de las localidades adonde vaya usted para la cuestación deseen ardientemente tener también ellos, con el tiempo, nuestra ayuda.»

La belleza para él no es ornamento: es instrumento de evangelización, es la Via Pulchritudinis. Es el poder de atracción del bien visible.

 

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