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Vergüenza universal: eutanasia

Noelia Castillo, joven paciente ingresada en el Hospital Residencia Sant Camil del Consorcio Sanitario del Alt Peneès-Garraf, ha recibido la eutanasia el 26 de marzo de 2026, provocando una reacción mundial de contrariedad que he podido vivir en primera persona, pasando por varios países en los días que han seguido. Una vergüenza universal.

Noelia tenía su cruz, su cruz generada por personas violentas, por dinámicas familiares deshumanizadoras. Noelia tuvo cirineos silenciosos, psicólogos de programas especializados de la Fundación La Caixa. Tuvo un asistente espiritual que entabló relaciones entrañables de afecto y solidaridad, de vinculación religiosa al mundo celebrativo cristiano. Noelia tuvo profesionales que caminaron con ella a la búsqueda del sentido. En una sombra, fue eliminada.

Algunos se han rasgado las vestitudras preocupados por quién son los propietarios del Gólgota, del lugar donde se produjo la ejecución. Otros nos hemos unido en oración ante el misterio insondable del sufrimiento y hemos remotivado nuestro compromiso por la cultura del cuidado, la cultura del acompañamiento comprometido entre luces y sombras.

Humanizar significa también reconocer todo el cuidado silencioso que se sigue presentando en ese mismo Gólgota y en tantos otros templos de atención esmerada que reconocen la vida, la protegen, ayudan a empoderarse a los pacientes, pero no hasta el punto de considerar que la vida humana sea exclusivamente patrimonio individual. Matar no es el camino para ayudar a dejar de sufrir. Menos aún cuando hay sospecha o diagnóstico de tener la voluntad secuestrada por traumas o problemas de salud mental.

 

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