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San Camilo y el cambio 1575

El gran cambio de Camilo se produjo al caer en la cuenta de su posibilidad de hacer el bien, camino de Manfredonia. Se trata de una ciudad costera, sobre el mar Adriático, de la provincia de Foggia, región de Apulia, de 60.000 habitantes, a la que fue San Camilo en 1574, con un compañero soldado (Tiberio Senese) en busca de trabajo.

Tras vender la capa de Tiberio, tuvo que ponerse a pedir a la puerta de la iglesia de San Domenico. Decidieron ir a Barletta con el mismo propósito, pero Camilo regresó. Se compadeció de él el administrador del convento de los franciscanos de Manfredonia, Antonio Nicastro y Camilo decidió entrar a trabajar como peón de albañil en el convento.

En el convento de los franciscanos de Manfredonia, a Camilo se le encomendó el oficio de llevar con dos asnos, agua, piedras y cal para la construcción. No le resultó fácil este trabajo. Su pretensión era quedarse allí hasta ganar algún dinero durante el invierno y volver cuanto antes al juego y a la guerra.

Concluidas las obras del convento de Manfredonia, el guardián pidió a Camilo que llevara al convento de San Giovanni Rotondo ciertas mercancías, a 20 kms, y las cambiara por vino. Al llegar a San Giovanni, Fray Angel le invitó a sentarse debajo de un emparrado y le hizo una reflexión espiritual.

A la mañana siguiente, 2 de febrero de 1575, (como se puede leer en el carro en posición de caído-volcado que hemos puesto en el lugar que lleva este nombre en el Centro San Camilo de Tres Cantos), el día de la candelaria, de la Purificación de la Virgen, regresó. Por el camino, en el lugar agreste conocido como “Valle del infierno”, le asaltó un rayo de luz interior y “se cayó del burro”, tomando conciencia de cómo estaba perdiendo la vida, y se propuso rotundamente cambiar radicalmente. Decía y repetía estas palabras: “No más mundo, no más mundo”.

Aquel día fue celebrado por él mismo, por haber recibido el don de convertirse. Al llegar a Manfredonia pidió a los franciscanos ser admitido como religioso.

Es posible cambiar en la vida, en particular dejar al pasado lo que no hace bien, ni a uno mismo, ni a los demás.

 

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