La conocida como “Declaración de Barcelona”, (impulsada por la ISCB – International Society for Clinical Bioethics), producto del grupo de trabajo europeo a finales de los 90, propone principios bioéticos alternativos o complementarios al enfoque anglosajón de Beauchamp y Childress. Peter Kemp y Francesc Abel, enfocaban una bioética europea con otros 4 principios distintos: autonomía, integridad, dignidad y vulnerabilidad. Lo más distintivo fue el principio de vulnerabilidad, que reconoce que todos los seres humanos son frágiles y finitos, por lo que existe una responsabilidad colectiva de proteger a aquellos más expuestos al daño o a la explotación. Sobre esto insistió José Carlos Bermejo en la Jornada de Ética Asistencial en San Camilo.
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