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Humanismo y humanización

Seguimos resistiéndonos a usar el verbo HUMANIZAR en no pocos contextos relacionados con la asistencia sanitaria. Algunos parecen venirse arriba diciendo que el verbo no es oportuno porque ya estamos humanizados. ¿En qué rincón viven? La sed y necesidad urgente de Humanizar la veo por todos los rincones.

Existen desigualdades de acceso, listas de espera, infraestructuras sin renovar, fármacos sin financiar, condiciones laborales difícilmente explicables en ocasiones, carga laboral que algunos no soportan, estilos relacionales propios de analfabetismo relacional y emocional, carreras en ciencias biomédicas que no se huelen la oratoria, ausencia de estrategias de cuidado al cuidador, insuficiencia de escucha a los protagonistas, que son los pacientes. ¿Qué no se trata de humanizar?

Los valores del humanismo son la clave. ¡Genial! Hemos encontrado el modo de conjugar el verbo. ¡Adelante! Nombrémoslos; de lo contrario, son disquisiciones inútiles.

El humanismo conjuga el respeto por la dignidad que radica en la vulnerabilidad de todo ser humano. El humanismo promulga la paz y la fraternidad universal. El humanismo reconoce la libertad y el derecho a la autodeterminación con los límites propios de la dignidad y de los derechos de los demás. El humanismo reclama la ayuda mutua en las disciplinas que concurren en el cuidado. El humanismo promueve encuentros entre personas basados en alianzas terapéuticas saludables. El humanismo reclama la humildad y la diligencia en las respuestas que damos para cuidarnos.

El humanismo no es solo la proclamación de la autonomía de las personas.

 

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