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Faltan cuidadores

Nos planteamos el uso de la Inteligencia Artificial en todo lo imaginable e inimaginable. Y lo hacemos. Ahora también nos cuestionamos sobre qué aplicaciones nos pueden ayudar a acompañar emocionalmente a los enfermos cuidados en clave paliativa, detectando con precisión sus necesidades, incluso espirituales.

Sin embargo, el valor de la presencia, el valor de la escucha, de la proximidad, del silencio respetuoso, de la mano que sostiene, de los ojos que no huyen, de la transpiración de la ansiedad, del cuidado del cuerpo al que dignificamos con la higiene, son insustituibles.

Y -lo sabemos todos-, faltan cuidadores. Les estamos pagando poco. Los que inician en las profesiones de cuidar, acaban pronto en un cajero de un supermercado, en cualquier otro espacio donde pueden ganar lo mismo sin humedad.

La sociedad entera tiene que dar una respuesta antes de que la falta de cuidadores sea un cataclismo y desequilibrio social difícil de arreglar. Porque, además, han de estar bien formados, y eso no se improvisa.

 

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