En San Camilo, 2026 es el año de la belleza. No se pretende evocar el binomio belleza-salud para pensar en los tratamientos reconstructivos o el cuidado de la piel con particulares cremas. Se trata de reconocer la grandeza y bondad del cuidado en la fragilidad, la enfermedad, el morir y el duelo.
La belleza expresa el amor que se hace compasión ante el sufrimiento del otro. Sin negatividad, la belleza palidece; solo a través del dolor accedemos a la belleza. Porque la belleza no es solo un atributo individual, sino que hay una belleza relacional, social, además de haber personas bellas, que construimos en el bien-cuidar. En el espacio relacional del encuentro cuidadoso, la belleza nos espera siempre, para ser admirada en su sencillez, en su provocación, en su atractivo armónico.
Camilo de Lellis, en el siglo XVI impactó en el entorno por el modo bello de cuidar, por la transformación humanizadora lograda, junto con sus seguidores. En Florencia, les llegaron a llamar “los padres del bello morir”. Y es que, especialmente con las claves que se manejan en cuidados paliativos, efectivamente el morir puede ser un proceso bello, embellecido por el cuidado que mira holísticamente y hace la paz con los límites, iluminándose los valores más sólidos de las relaciones significativas.
VOLVER




