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A propósito de la empatía

Autor: José Carlos Bermejo

Año publicación: 2025

Entre los conceptos más vivos, y, en cierto sentido, cambiantes, está el de empatía. Particularmente en el mundo de las relaciones de ayuda. Unos y otros lo venimos proponiendo como clave de humanización de las relaciones, como reclamando una disposición comprensiva, de sana conexión entre profesionales (y voluntarios) y pacientes (y familias), para captar la experiencia subjetiva, comprenderla y, haciéndose cargo, dar respuestas eficaces de comprensión y ayuda profesional. No es menos relevante en el trabajo en equipo e interdisciplinar.

El concepto de empatía, tan popularizado y en torno al cual podemos decir que hay un bosque conceptual, no es tan antiguo. Derivado del griego em-paheia, sentir en, sentir dentro, aparece en inglés en 1904. Históricamente se refiere a la estética y se considera como el estímulo del artista, jefe religioso, profesor, actor, cuya eficacia depende de la identificación con respecto a la materia que afronten. La materia de por sí es inerte, fría, a menos que el artista, docente, dramaturgo no penetren en ella y la animen, le den calor, transformando el mármol, el color, la lección, en una obra de arte.

Empatía en counselling

En el mundo de las relaciones de ayuda, le debemos su uso consistente y oportuno a Carl Rogers, para el cual es “la capacidad de percibir el mundo interior de la otra persona, integrado por significados personales y privados, como si fuera el propio, pero sin perder nunca ese como si. No debe confundirse con “entender lo que le pasa”, que sería simplemente un ejercicio cognitivo.

Freud afirma que el éxito de nuestras identificaciones durante la infancia, ayuda al individuo a adquirir un sentido de su propia identidad. Además, completa esta idea diciendo que esta identificación puede ser sana (cuando se alcanza el punto de vista de la otra persona, haciéndose más cooperativa y armoniosa la relación con los otros) o patológica, ya sea debido a que el propio yo quede absorbido en el ajeno o, por el contrario, a que el sujeto no pueda abandonar su rígido campo de referencia, temiendo que la proximidad a los otros pueda dañarle.

La empatía es una actitud, además de una habilidad social. Se produce en un encuentro de dos, frente a frente. Diríamos: “cuando tú estés cerca, yo tomaré tus ojos y en su lugar colocaré los míos, y tú tomarás mis ojos, en su lugar pondrás los tuyos; entonces yo miraré en ti con tus ojos y tú mirarás en mí con los míos”. Se refleja así la correlación entre la empatía y la experiencia social, consiguiendo, además, ser más objetivos y penetrantes en el conocimiento propio y el ajeno.

Reik, muy citado por mí en el tema de las fases de la empatía, en su obra Listening With The Third Ear (Escuchar con el tercer oído), pretendía investigar el proceso del subconsciente del propio psicoanalista, basándose en los pensamientos de Nietzsche, y la cualidad del psicoanalista de comprender a los pacientes. Apunta que la peculiaridad de la voz o de la mirada en numerosas ocasiones nos revela más que las palabras. Pero es el autor que mejor ha descrito el proceso de la empatía para mantener la justa distancia.

La “justa distancia” de Ricoeur

El filósofo francés Paul Ricoeur nos reclama un sano equilibrio en la implicación con el sufrimiento ajeno; el equilibrio que se produce entre identificación actitudinal, manejo del impacto y restablecimiento de la distancia, para no hacer daño y hacerse daño en las relaciones de ayuda.

Reik, en efecto, establece una serie de fases en el proceso empático, que van desde la identificación con el otro, a la incorporación del otro en nuestro interior asumiendo sus experiencias como nuestras; a la reverberación o consciencia de lo que estamos sintiendo; a la separación de nuestras implicaciones usando la razón y ganando distancia psíquica y social, permitiéndonos realizar un análisis objetivo.

Varios autores, yo incluido, hemos propuesto el uso del término “empatía terapéutica”, debido a que, sin el apellido, podemos pensar en la empatía en las relaciones habituales, no en el contexto de las relaciones de ayuda. Es el caso de Manuel Marroquín, gran experto en counselling, profesor de la universidad de Deusto, quien se centra en el aspecto de la empatía que denomina “empatía terapéutica” distinguiéndola de esa otra empatía, de carácter más simple y vulgarizado, mínimo necesario del entramado personal. Esta distinción, dice él, no supone el reconocimiento de dos clases de empatía, sino la intención de estudiar los grados de su existencia más compleja. “La empatía terapéutica es un proceso interactivo destinado a conocer y comprender a otra persona con el fin de facilitar su desarrollo, su crecimiento personal y su capacidad para resolver sus problemas”.

Empatía en la Inteligencia Artificial

Hoy resulta de interés la eventual aplicación de los posibles de la IA en el campo de las relaciones de ayuda. Un mundo que, en principio, a algunos les puede asustar, pero que puede ser de sumo interés en no pocos apoyos, tomada como instrumento para la gestión, para la mejora de la intervención del terapeuta, para la búsqueda personalizada de alternativas, etc.

Ahora bien, teniendo en cuenta que la empatía cognitiva también la tiene el psicópata, y se aprovecha de ella para beneficio propio y daño a la víctima sin resonancia emocional ni conducta ética, parece oportuno acoger la propuesta de quienes reclaman hablar de empatía moral o empatía ética (Joan Halifax) o, sencillamente genuina compasión, aunque bien sabemos que la compasión presupone la empatía, pero no se agota en ella.

Algunas opiniones sobre el uso de la IA en counselling llegan a decir que ninguna aplicación de IA es capaz de sentir de verdad empatía, puesto que la empatía requiere la capacidad de escuchar, de reconocer la irreductible singularidad del otro, de acoger su alteridad contextual, de comprender el significado de sus experiencias… La empatía simulada por la IA no es empatía auténtica, aunque pueda tener apariencia de empatía cognitiva.

En la IA no se entabla un vínculo humano de compromiso bidireccional a la búsqueda del bien. La IA podría ser muy competente en empatía cognitiva en cuanto capaz de captar emociones de forma precisa a través del procesamiento de la información recibida. En este sentido, la dificultad planteada por algunos es una objeción que pone sobre la mesa los riesgos en la atención al paciente, que deben evitarse por razones morales, dado que, sin enfoque ético, la empatía puede ser utilizada o generar involuntariamente efectos negativos. Donde no hay compromiso personal por el bien del otro, no hay genuino vínculo terapéutico, base donde se consolida la confianza y donde el ayudado apoya la narrativa de su sufriculum a la búsqueda del consuelo o de la luz para afrontar sus problemas o tomar sus decisiones.

La necesaria supervisión del uso de los apoyos de la IA en counselling reclaman, como siempre, la responsabilidad ética del ayudante, en un contexto de salud relacional

CASERA D., Empatía, en: BERMEJO J.C., ALVAREZ F., Diccionario de bioética y pastoral de la salud, San Pablo, Madrid 2009.

BERMEJO J.C., Empatía terapéutica. La compasión del sanador herido, Desclée De Brouwer, Bilbao 2011.

 

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