No nos engañemos. Las modas no son la validación de la verdad. Esconden mentiras. Y, actualmente, la moda se la lleva el estoicismo, al que algunos apelan para proponer caminos de humanización, quizás proyectando la necesidad de afrontar los propios problemas personales con ayuda suficiente.
Estoicismo y cristianismo son tradiciones que comparten una visión que trasciende lo puramente físico. El estoicismo enfatiza que la verdadera salud no es la ausencia de dolor, sino la capacidad de mantener la virtud y la paz mental ante la adversidad. El cristianismo, por su parte, humaniza la salud al insistir en la dignidad del enfermo más allá de su utilidad o productividad. Ambos reconocen que el sufrimiento puede ser transformador y que la persona enferma sigue siendo valiosa.
El estoicismo enseña aceptación del destino (amor fati) y control sobre lo que está en nuestro poder (nuestras reacciones y valores). El cristianismo propone algo similar: aceptar la voluntad divina mientras se cuida el cuerpo como templo. Ambas permiten una cierta "humanización" que reconoce los límites humanos sin reducir la persona a su condición física.
Sin embargo, hay que decir que el cristianismo introduce el concepto de compasión activa y caridad hacia el enfermo. No es solo aceptación estoica del sufrimiento propio, sino el deber de aliviar el del otro. Esto fue revolucionario: los cristianos primitivos cuidaban a los enfermos de la peste mientras otros huían. El estoicismo es más individualista; enfatiza la fortaleza personal.
Por otro lado, el cristianismo también sacraliza el cuerpo (encarnación, resurrección), mientras que el estoicismo tiende a minimizar su importancia. Para el estoico, el cuerpo es un instrumento; para el cristiano, es parte de la identidad integral de la persona.
En la historia de la medicina, esta tensión productiva aparece en figuras como Galeno (médico grecorromano de orientación estoica) y después en los médicos medievales cristianos. La idea de que el médico debe combinar técnica (estoicismo) con compasión (cristianismo) es heredera de ambas tradiciones. En contextos modernos de bioética, vemos eco de esto: el respeto por la autonomía del paciente (cierto estoicismo de dignidad individual) se combina con obligaciones de cuidado (herencia cristiana de compasión)
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