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San Camilo se muere: Conciencia de final

Uno de los temas relevantes en el manejo del final de la vida es la verdad. La verdad del diagnóstico, del pronóstico, la comunicación de las malas noticias al enfermo, la propiedad de la información, la capacidad de la persona de tomar decisiones libres responsables en la adecuación del cuidado y, en su caso, en la limitación del esfuerzo terapéutico y técnico, en general.

Camilo maneja su final con conciencia, libertad y responsabilidad, hablando abiertamente de la verdad. “Sí, señores, yo he seguido muchos tratamientos, tanto en Nápoles como en Génova, y aquí en Roma, y no mejoro, por lo que concluyo que hay aquí escondido algún secreto de Dios, y quién sabe si quiere que padezca alguna cosa por su amor; y ¿cuándo hemos de hacer algo bueno por la Eternidad, si no es al final de la vida?”.

El cuidado de la dimensión espiritual es esencial siempre. Al final de la vida cobra una particular relevancia por la experiencia máxima de finitud y vulnerabilidad que hace la persona. “¿Por qué no he de estar alegre siendo esta la mejor noticia que yo podía tener? Ya no me preocupa más que Dios me conceda un pequeño rinconcito en el Paraíso.

Camilo tuvo un “capricho mariano”, digamos. En los últimos días, ordenó que pintaran un cuadro, concretamente que se pintase un Cristo muerto en la cruz, y en la parte superior el Padre eterno, y el Espíritu Santo en forma de paloma en los lados, llenos de la sangre derramada por Jesús; y al pie de la cruz, María orando por Camilo. Camilo, que no se esperaba aparecer en el cuadro, tras un momento de incertidumbre, se excusó ante el Crucificado: «Señor, tú sabes que no era esta mi intención, mas puesto que lo habéis querido así, es señal de que usarás tanta más misericordia conmigo».

 

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